La modelo y el artista

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Veinte minutos después de las cuatro de la tarde, un par de golpes secos sonaron en la puerta de Arnold Perilio. No era normal que este tipo de eventos sufriesen este retraso pero en esta ocasión el joven pintor no tenía más remedio que esperar, la hambruna en aquellos fríos días del mes de marzo de 1820, hacía que aquel talentoso pintor de murales, aceptase unas cuantas monedas para realizar cualquier retrato que se le encargase, y este encargo, el del noble marqués de Bosin era uno de ellos.

nueva022Al abrir la puerta Arnold pudo contemplar a una bella dama escoltada por dos fornidos soldados de la corte.  Morena, de media estatura y fino talle  y aunque con semblante serio no dudó en mirarle directamente a los ojos al tiempo que pasaba con paso firme y decidido hacia el interior de la  vieja buhardilla de Arnold. Un camastro, una vieja mesa de madera heredada de su abuelo Anastasio, un fogón casi inoperativo y un caballete  era todo el mobiliario que acompañaba a una pequeña estancia llena de lienzos sobre bodegones, paisajes y algún que otro retrato inacabado.

Ella se acercó al camastro y  sin cambiar su  seria expresión se quitó su elegante sombrero, luego hizo lo mismo con su abrigo de terciopelo rojo dejando ver un entallado vestido de seda negro con un escote en palabra de honor que enmarcaba unos voluptuosos senos tan apetecibles como inalcanzables para el pintor,  debido a la diferencia de clases existente y a que nadie en su sano juicio se atrevería a tocar a aquella  dama por el peligro que correría su vida si lo hiciese. Echó un vistazo al camastro y retiró del mismo la derruida manta que lo cubría  depositando  luego sobre el colchón su abrigo. Lo  extendió hasta cubrir totalmente el catre del joven. Se sentó, cruzó las piernas y se reclinó ligeramente apoyando sus manos sobre las palmas.

–          Comienza cuando quieras, no tengo todo el día, le dijo.

–          Será cuando yo quiera y como yo quiera, contestó él.

No tardó ni un segundo en dirigirse hacia la joven,  y con sus firmes manos le giró ligeramente la cabeza pues la poca luz que entraba nueva016por el ventanuco no hacia justicia a la belleza de su semblante. Sus manos eran asperas  y el  simple contacto de los dedos en las barbilla de ella provocó un estremecimiento en la aristocrática dama. Cómo había osado ese hombre a tocarle arriesgando su vida, que insolente. Había estado con muchos hombres antes de haberse desposado con el marqués, de todas las escalas sociales, pero el entorno, la ruda respuesta del joven, su descaro, y su profesionalidad provocó un deseo inusitado en ella.

–          Tiene usted una bellísima figura, se atrevería a posar con menos ropa para mí?

–          Es usted un descarado joven, he mandado azotar a cientos de hombres por menos que esa falta de respeto

–          Quiere o no?

–          De acuerdo pero déme algo para taparme al menos un poco.

–          Tengo una sábana adecuada para la ocasión , pero tendrá que seguir mis indicaciones.

nueva007Unos instantes después el cuadro escénico había cambiado totalmente. Sobre el camastro  había ahora una Venus cubierta levemente con una sutil sábana de seda en tonos ocres que Arnold colocó estratégicamente  para que únicamente  se pudieran contemplar unas hermosas y firmes piernas. El  leve  contacto de la seda manipulada por las rudas manos del joven sobre la piel de la improvisada modelo hizo que esta se estremeciese cual caricia de entregado amante. Su piel tembló ante cada ínfimo roce y sus pezones se endurecieron ligeramente al experimentar esas sensaciones. Arnold volvió a su atril y comenzó a perfilar sobre el lienzo las deliciosas curvas que podía contemplar ante si.

Cada vez que su pincel esbozaba una línea del cuerpo de su musa era como si la recorriese con su lengua captando así cada detalle de lanueva009 superficie de su piel. Cada vez que ella oía el tenue roce de las cerdas sobre el lienzo era como si los dedos de  él moldeasen su figura. Así , trazo a trazo la excitación en ambos iba creciendo y ambos se iban dando cuenta. Cada vez que los ojos de  Arnold medían milimétricamente el cuerpo de la joven , ella notaba como su piel respondía como si el enfoque de las pupilas quemase cual fuego cada poro.

El calor creciente hizo que sus manos comenzaran a moverse bajo aquellas sábanas, sus dedos se deslizaron hacia su abdomen conocedores de un camino cientos de veces explorado en ratos de soledad pero que ahora sabían que eran observados. Las yemas de sus dedos alcanzaron pronto su objetivo y con movimientos suaves y armónicos comenzaron acariciar primero y profundizar después en un suave y delicado sexo otrora ansiado objeto de deseo de toda la corte. Su cuerpo pronto reaccionó a sus caricias y sus sonrosados pezones comenzaron a emerger notándose tras la sábana.

Ella permanecía inmóvil para realizar así un posado perfecto para el artista, sólo su mano derecha y su interior rompía esa quietud, su corazón se aceleraba y su respiración era cada vez mas entrecortada. Su piel se erizaba y el ver que el pintor seguía concentrado en su labor le provocaba más y más excitación . Tras el atril sólo se podía ver un gorro de pintor y por debajo un pantalón de lino desgastado y lleno de manchones de pintura, pronto este pantalón comenzó a reflejar que el pintor era humano y que la visión de la actitud onanista de su modelo tenía consecuencias directas en el cuerpo de Perilio en forma de una erección creciente e imposible de disimular. Contemplar ese crecimiento provocó todavía más a la modelo y por ello aumentó la  intensidad y profundidad de sus caricias lo que acabó por producir un suave gemido de placer que salió de lo mas profundo de su ser. Su gemido hizo que el pintor saliese de su escondite dejando el pincel sobre el atril pero sin soltar su paleta.

nueva010Se acercó a la joven y bajando un poco su pantalón llevó su mano a su miembro ya erguido por la excitación de contemplar tan bella escena. Ella deseaba saborearlo pero ambos sabían que no podían tocarse, aunque nadie lo supiese jamás el cuerpo de la joven era del marqués, pero no su mente. Arnold  acarició ante la mirada de ella su grandioso falo mientras contemplaba como ella se relamía de deseo mordiéndose el labio inferior, ambos continuaron su masturbación propia y ambos jadeaban deseando alcanzar el clímax , sus miradas sus cruzaban , sus alientos chocaban en el aire y sus gemidos contenidos ante la posibilidad de que desde fuera les oyeran los acompañantes de la joven  se unían en la atmosfera, hasta que finalmente llegó el momento.

Ella apretó su pecho con una mano mientras la otra se llenaba de sus flujos, y el vació el fruto del deseo sobre la paleta de colores, luego cogió el pincel , mezcló su semen con el ocre y volvió a su cuadro, y ella a su postura de posado. Solo unos segundos  después el giró el cuadro y continuó con los últimos retoques del lienzo. El ocre mezclado con el fruto de su deseo se extendía en la sábana que cubría el hermosísimo y bien perfilado cuerpo de ella.

Sólo ellos sabrían lo que habría en el cuadro, sería su lienzo y cada vez que el marqués se recrease y presumiese del mismo ante la corte, ella sabría que había algo mas que óleo en esa sábana que cubría su cuerpo. Tras esto , se levantó, se vistió, cogió el cuadro y sin decir nada se dirigió a la puerta, pero justo antes de cruzar el umbral se giró y miró al joven regalándole una sonrisa agradecida. Luego cerró la puerta y se marchó.

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Autor: @Casperiillo